viernes, 15 de enero de 2010

El fabuloso destino de Rachel Rutherford ya está terminado,pero como es un proyecto de trabajo para Literatura Universal, voy esperar a que me lo corrija la profesora para luego publicarlo aquí :).
Últimamente, no me paso mucho por aquí, pero es que 2º de Bachiller es agotador... además, la nueva selectividad es sinónimo de una mierda pinchada en un palo. La gente no manda examenes modelo, todo está patas arriba, y así va la educación. Y después los políticos se quejan de que llevamos 10 años estudiando inglés y que no lo sabemos hablar. ¿Pero de qué hablan ellos? ¿Que pasa, que ahora es culpa de los alumnos no? Claro, de TODOS los alumnos que somos retrasados y que no nos coge en la cabeza... Bien, creo que aquí tendríamos que mencionar el penosos sistema de educación que está actualmente implantado. Que parece que juegan con nosotros joder; con cada cambio de gobierno, una nueva ley de educación. Y así estamos, que si no se aclaran los políticos, como nos vamos aclarar nosotros.

Si, estoy extresada. Menos mal que ya es viernes (L)

Así que, a todos los que estais estudiando como yo 2º de bachiller, solo os puedo dar la gratificación de que yo también estoy en contra de este sistema educativo.
Y eso, despues de soltar esta parrafada, muy parecida a, seguramente, leer el diccionario de la Rae y el Quijote juntos, quiero informaros de que en cuanto entrege mi relato, y mi profesora me lo devuelva corregido, lo publicaré aqui :)

Tengo que agradecer también a iraliia por su premio -que me ha hecho una ilusión tremenda, pues me encanta su blog y es mi primer premio :)-, otro día otorgaré yo los míos.

Nada más. Buen fin de semanaaaaa

viernes, 8 de enero de 2010

el fabuloso destino de Rachel Rutherford

Esa mañana recuerdo que me levanté temprano a pesar de estar en vacaciones navideñas. No sé por qué, pero tenía una extraña sensación metida en el cuerpo, como esas veces que sueñas algo y cuando despiertas no sabes si era verdad o no. Decidí aceptar esa teoría -la del sueño- y me levanté de mi cama. Busqué con los pies las zapatillas, no sabía por qué, pero cada vez que me acostaba las dejaba juntas y cuando me levantaba las tenía muy separadas. Cuando por fin terminó la operación búsqueda de zapatillas de casa, me incorporé. Un desconcertante escalofrío seguido de un dolor de huesos me percorrió el cuerpo. Hice la cama -mal, como siempre- y abrí los estores color añil con cuidado. Miré hacia fuera, y parecía como si hubiese nevado durante la noche, algo raro teniendo en cuenta que vivo en la costa... Bajé despacio las escaleras, aún con los ojos más cerrados que abiertos, pero conocía esas escaleras, las había bajado y subido un número incontable de veces teniendo en cuenta que llevaba viviendo en esa casa desde mi nacimiento, hacía dieziocho años ya.

Al final de las escaleras se extendía una amplia sala, donde estaba el salón, y separada de este por un pequeño tabique, se encontraba la cocina. Las escaleras estaban en mitad del salón, a la izquierda, había un sofá de tres plazas y al lado un sofá orejero de color negro; las paredes de esta habitación eran de un gris azulado. Enfrente de los sofás, se encontraba una mesita de cristal solamente, sin ningún otro elemento, y enfrente de ella, colgada de la pared, la maravillosa televisión, capricho de mi padre. Detrás de las escaleras estaba la mesa donde comíamos todos los días, de madera oscura y las sillas de cuero negro. En las paredes había cuadros que mi madre había pintado antes de marcharse, y que eran el único recuerdo que me quedaba de ella. La cocina era muy acogedora: tenía una mesita pequeña y redonda, sin sillas -ya que comíamos en el salón- y unas alacenas blancas que las habíamos comprado porque estaban de oferta en Ikea. Lo cierto es que con nuestra casa podíamos montar una tienda de Ikea, porque todos los muebles eran de esa cadena.

Cuando llegé al final de las escaleras, no vi a mi padre como costumbre haciendo las tostadas y untandolas con mantequilla, pero después me di cuenta de que ese día me había levantado muy temprano, asi que decidí que, por una vez, sería yo la hija ejemplar, la que hiciese el desayuno. Me puse manos a la obra. Abrí las puertas de las alacenas y comencé a buscar los ingredientes para hacer tortitas. Bien, no sabía hacer tortitas. Subí a mi habitación a buscar en internet la receta, la imprimí y bajé abajo corriendo. De repente me sentía con muchas fuerzas, y el dolor de huesos que me había invadido al despertarme ya había desaparecido. Lo que permanecía era esa extraña sensación, y eso era algo que me desconcertaba...

Continuará..

lunes, 4 de enero de 2010

O:


El otro día, mientras iba en el coche -adormeciendome como siempre que me subo en ese cacharro de cuatro ruedas- me quedé mirando hacia el cielo. La noche era clara, a pesar de que aquí suele estar todo nublado y nunca se ve ni una estrella. Comenzé a pensar en la infinidad del universo. Es algo en lo que pienso bastante a menudo, a pesar de que intento no hacerlo porque es un tema que me parece terriblemente agobiante. Se estima que el número de estrellas en el universo visible es de 70.000 trillones o 70.000.000.000.000.000.000.000 -diez veces más que el número de granos de arena que hay en la Tierra-. Además, digo universo VISIBLE.. porque el universo es infinito... Infinito, algo imposible de concebir en mi pequeñita cabeza. En nuestra galaxia, la vía láctea, tenemos el sol como estrella, y alrededor de ella giran 8 planetas. En ellos sabemos que no hay vida más que en la tierra. Pero, y si cada estrellita que vemos en el universo tiene también planetas, ¿no resultaría imposible que no hubiese vida en ninguno de ellos? Somos una parte muy pequeña del universo, y a la vez tan enorme.. y es que con lo poco que somos, estamos destruyendo un planeta -el nuestro- con todas nuestros actos.

...¿No veis como es un tema agobiante?

sábado, 2 de enero de 2010


Hay quien dice aquello de "año nuevo,vida nueva". Por lo general, no se cumple. Seguimos siendo igual de incoherentes e irresponsables que siempre, y somos tan egoístas que queremos una "vida nueva" para nosotros mismos, y suelen ser deseos tales como parar de fumar, ponerse a dieta, ahorrar dinero o apuntarse a un gimnasio. Lo que no pensamos es en la gente que tiene que pasar estas navidades en la calle, o los niños que no tienen familia. Ellos no piden como nosotros deseos materiales, o quitarse los vicios... no. Ellos piden una familia, o tener una casa digna de su persona. Pero no, nosotros seguiremos creyendonos el ombligo del mundo y haciendo rituales el día de fin de año diciendo "YO voy a parar de fumar" "YO voy a apuntarme a un gimnasio" "YO voy a ponerme a dieta". Puro egocentrismo en estas fechas en las que debería primar el amor por todos, no por uno mismo. Por esta razón, pido que pensemos un poco más en la gente que lo pasa mal en estas fechas. Pido que brindemos por nosotros y por ellos, que solo por brindar no hacemos nada, pero damos un paso importante: concienciarnos de los problemas de los demás. Después, cuando podamos, ya intentaremos ayudar, que nunca es tarde.

Amélie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma, en ese instante todo es perfecto, la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad la empapa de golpe.