jueves, 12 de agosto de 2010

Capítulo III Segunda parte

Mientras tanto, en París, Pierre y Marget celebraban el cumpleaños de su hija como si estuviera allí, compraron su postre favorito y cocinaron para ella. Lo único que cambiaba era su ausencia, y que tuvieron que soplar ellos mismos las velas. Marina no estaba con ellos, llevaba tiempo ingresada en una clínica psiquiátrica después de haber sufrido el tormento de tener que ver cómo su hermana era secuestrada. No había podido soportar el dolor de contárselo ella misma a sus padres, era madura, pero no tanto. No conseguía conciliar el sueño y no hablaba. Los tres tuvieron tratamiento psicológico pero el doctor les recomendó que la ingresaran un tiempo debido a su estado de shock. El secuestrador no les había robado a una hija, si no a dos. Cuando comieron el pastel –una de las pocas cosas con las que habían llenado su estómago en las últimas semanas- Marget se dirigió a la ducha y su marido a la cama. Sólo eran las tres de la tarde, y lo único que hacían era dormir y comer. Ya casi no hablaban, y la relación se había hecho más fría de lo que acostumbraba ser, a pesar de que para los demás seguían siendo la pareja del año, siempre tan felices y queriéndose en público. Qué fácil era engañar a los demás.

Tras la ducha, Marget telefoneó a la policía, para saber si habían descubierto el más mínimo detalle de la investigación. Siempre lo hacía a las quince y cuarenta y cinco minutos, había pillado esa costumbre y lo hacía sin necesidad de mirar el reloj. Había cogido cierta confianza con el policía que estaba al otro lado del teléfono, no sabía ni cómo ni porqué pero le tenía un cariño especial, y le parecía que él sentía lo mismo. A lo mejor sólo eran fantasías de una cuarentona cuyo marido es un imbécil, pero le gustaba creer que para los ojos de los otros hombres aún continuaba siendo atractiva. Pero ese día el policía que cogió el teléfono no era el mismo que todos los días, su voz no era tan rasgada como el de su amor platónico, así que olvidándose de su hija, preguntó por el otro policía, que resultaba que estaba de vacaciones. Colgó. Comenzó a llorar. Era el único momento del día en el que no se sentía desdichada por la vida de apariencia que llevaba, pues aquel apuesto policía la hacía evadirse de su mundo. Volvió a marcar el número. El mismo policía le preguntó amablemente qué deseaba y ella le preguntó por su hija, pero no descubrieron nada nuevo. Colgó sin decir adiós siquiera. Cogió su abrigo de piel de zorro y salió a la calle, en pijama y con ese abrigo. Se fue al veinticuatro horas de la esquina y compró un paquete de tabaco. Nunca había fumado, pero todas sus amigas le decían que cuando estaban agobiadas cogían un paquete y era lo único que las tranquilizaba. La primera calada le supo a cenicero, pero después fue sintiendo cómo el calor del humo entraba por su garganta y le calmaba su ansiedad. Anduvo un par de horas vagando por el vecindario y volvió a casa. Su marido no estaba en cama. Sin preocuparle mucho lo que podía estar haciendo, se tumbó en la cama y encendió la tele, que hacía más de dos semanas que no veía. Qué curioso, esa noche en la cuarta cadena emitían un reportaje sobre la desaparición de la hija del famoso empresario parisiense, afirmando que tenían información privilegiada aportada por la adinerada familia. Todo patraña y asco pensó Marget. Apagó la tele y encendió otro cigarrillo, posteriormente se quedó dormida.

Capítulo III Primera parte

Cuando dejó de pensar en su gran vida anterior y en cómo había llegado hasta donde estaba, se dio cuenta de que debía de ser tardísimo pues ya estaba anocheciendo. Los del circo la iban a matar, no tenía ni la cena echa ni había echo la colada. Preparada para recibir un buen rapapolvo, cuando llegó todo estaba en perfecto estado, la cena servida y la ropa tendida sobre un tenderete bastante mal improvisado. Marian no entendía nada ¿Quién había echo todo eso por ella? No tenía demasiados amigos allí, diez u once, pero nada más, y si Nabirye o Mâlik se enteraran de que otros estaban haciendo su trabajo se esperaba lo peor. Pero de repente se dio cuenta de que allí no había nadie para comer, así que decidió ir a la caravana de sus “jefes” por llamarlos de alguna manera. El circo estaba también dividido por jerarquías, estaban los altos cargos que vivían en una caravana con todo lujo de detalles, y luego estaba el resto, dividido en otras quince caravanas que eran de lo más normal tirando a pésimo.

Le Papillon había alcanzado una fama considerable en los últimos diez años, y era un circo destinado a los adultos, con acrobacias y números de fuego en su cartelera principal, no estaba dedicado a los niño y no había payasos. Había animales pero lo cierto es que los trataban muy bien, no como suelen hacer el resto de circos, y entre ciudad y ciudad no viajaban con ellos, tenían unos cuidadores especiales que se encargaban de ellos.

“¡Sorpresaaaaa!”

Marian se estremeció cuando vio salir a todos los de su caravana de debajo de las mesas “Feliz cumpleaños cariño” le dijo Amélie. “¿Qué? ¿Hoy es el dieciocho de noviembre?” Había perdido por completo la noción del tiempo y allí ya no tenía ganas ni de mirar el calendario.

Habían cocinado para ella, algo que nadie había echo desde hacía mucho tiempo. Y de postre aparecieron con su pastel preferido –macaron de chocolate y vainilla-. Después de darse el festín llegaron los regalos, que eran de lo más originales. Amélie le dio un vale por todo su amor, Pierre la obsequió con una camiseta muy rosa y Francesca, Philippe y Moraima con un regalo conjunto que consistía en un neceser con un cepillo y pasta de dientes y un champú. Se emocionó tanto que le saltaron las lágrimas a borbotones. Todos fueron a consolarla, y pensaron en lo mal que lo tenían que estar pasando sus padres por perderse el veinte cumpleaños de su hija.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Capítulo II completo

Las doce del mediodía y Marian sigue durmiendo. Marina llega corriendo y cual corcel desbocado se tira encima de su hermana mayor. Marina sólo tiene 15 años, pero es casi más madura que Marian, siempre lo había sido, y no en el sentido de ser más responsable o más obediente, si no que a ella le interesaban cosas de “mayores”, el buen cine y la buena música, estudiaba poco pero sacaba muy buenas notas porque era muy inteligente y tenía mucho bagaje cultural, de tantos libros que se había leído. Su hermana sin embargo sólo se preocupaba por los chicos, las drogas, las discotecas y la ropa. Y por supuestísimo, su móvil. Casi no vivía sin él. Marina aún no tenía móvil, no lo necesitaba, se pasaba todo el día en la calle, por lo que si alguien le quería decir algo, sólo tenía que salir a buscarla.

Ese era un día especial para ambas, hacía ya tiempo que no hablaban de sus cosas, como solían hacer cuando eran más pequeñas, por lo que un día Marina salió disparada de su cama para hablarlo con Marian. Ella, pasota como siempre, dijo que hiciese lo que quisiera, y que si quería quedar con ella que podía hacerlo al día siguiente, así que a las siete en punto de la mañana la pequeña Marina salió a despertarla, pero sólo recibió como respuesta un portazo en toda regla. A las doce del mediodía, momento en el que comenzabamos este capítulo, la fue a despertar para ir a comer juntos al Mystic Café’m, el restaurante preferido de las dos, al que antes solían acudir a menudo. Antes, cuando todo era distinto. Como Marian parecía no estar por la labor de despertarse, Marina comenzó a vestirla ella misma, luego le llevó el desayuno a la cama –tostadas siempre con pan Bimbo de corteza blanca, untadas en mantequilla y mermelada-. Tras desayunar juntas, Marina la convenció para que fueran andando hasta la plaza juntas, quería sacar una foto de recuerdo de aquel día, con lo que cargó la cámara comprada con sus ahorros al hombro, y comenzaron la caminata. Una vez en la plaza, pintaron el imbécil como nunca lo habían hecho, se rienron y se sintieron realmente felices de volver a estar juntas y sentir esa conexión que siempre habían tenido. Cuando llegaron al Mystic Café’m, escogieron una mesa bajita en la que había que sentarse sobre unos amplios cojines de agua, y pidieron dos hamburguesas de pollo con té de frambuesas –misteriosa combinación, solía decir su padre en aquellos tiempos en los que iban los cuatro-. Curiosamente, la camarera las reconoció, y se alegró tanto de verlas que quedaron en tomar algo otro día. Aunque ninguna de las tres sabía que ese día nunca llegaría.


Al caer la noche, Marina le tenía preparada una sorpresa a su hermanita. No sabía si le gustaría, pero era algo que le había prometido hacía muuucho tiempo, tras una apuesta estúpida de niñas pequeñas, pero que a ella nunca se le había olvidado. Las entradas las había comprado por Internet y eran carísimas a pesar de que las críticas hacia ese circo no eran muy buenas, pero era el único que había en ese momento por la ciudad. Aunque aún quedaba un montón de tiempo por delante hasta la sorpresa final. Tenía pensado realizar un album con todas las fotos que hicieran ese día y más tarde regalárselo a su hermana, para que siempre tuviera en mente ese magnífico día. Fueron a la pista de patinaje, a ver una película de estas cómicas que sueltan chorradas y que no puedes parar de reíte durante horas, incluso cuando ya te has acostado, pero que de repente te acuerdas de ese detallazo y te ríes a morir. A las nueve comieron manzanas asadas en un puesto ambulante, pero como sabían mal decidieron tirarlas y comer en la pizzería de una amiga de Marina.

Pero llegó el momento de la sorpresa. Marina esperaba que su hermana se sorprendiera como cuando somos pequeños y nos toca abrir los regalos de Navidad que Papá Noel nos ha dejado debajo del árbol.

Fueron andando hasta llegar a la plaza de la ciudad, a lo largo de la calle había mucha gente, y Marian no lograba adivinar qué era lo que estaba pasando allí o a donde la llevaba su hermana. Cuando lograron avanzar sobre la multitud allí congregada, Marian lo vio. Frente a ella se alzaba una majestuosa carpa de forma circula cuyo techo tenía forma de embudo al revés. La tela era como de saco, y tenía un estampado a rayas. Fuera de ella había un hombre gritando a toda voz como si su vida fuera en ello “Bienvenidos al Cirque le Papillon”.


Capítulo I tercera parte

Amélie entró en la caravana, y desperto a Marian de su mundo, intentó sacarle –como siempre- cómo había sido su secuestro, y también le recordó que tenía que ser fuerte, porque Mâlik no querría soltarla nunca. Amélie siempre le había prometido que en cuanto pudiera irse a otro circo de mayor prestigio, la sacaría de allí, y la llevaría con ella. Le daba tanto asco pensar en la obsesión que Mâlik tenía con ella que se levantó del sofá y se alejó corriendo de aquellos recuerdos que le pesaban en su memoria y en su corazón. Amélie era una buena amiga pero no paraba de intentar que le contara todos los detalles del día en el que se había unido a ellos. Ni ella se acordaba con claridad de los sucesos. Una especie de niebla densa se había apoderado de esos recuerdos, y no quería que se le fueran por la boca. Le pasaba algo como a las embarazadas, que tras tener un bebé, algo en el cerebro les hace olvidarse concretamente del dolor insufrible que han pasado. Cosas de la ciencia y la naturaleza. Ambas inteligentísimas, que hacen cantidad de cosas pensadas para hacer perpetrar la humanidad –por lo menos hasta que los propios humanos la destruyan-.

No tenía reloj, pero por la posición del sol creía que serían sobre las cinco de la tarde. Era lo bueno de no tener recursos, que uno aprende cosas impensables. Marian se había dado cuenta de muchas cosas desde que la habían secuestrado, y, por supuesto, había madurado de vez, aprendiendo a hacer miles de cosas. Nunca había pensado que su secuestro tendría algo positivo, pero fue en ese instante, estando sentada en lo alto de un acantilado y con la brisa acariciándole la cara –como solía hacer su madre- cuando descubrió lo que ese terrible episodio de su vida le había proporcionado: sabiduría. Si, había aprendido más cosas de las que habría podido pensar que haría nunca. Y es que Marian, en su pisito lujoso de París, era una chica de lo más pija e insoportable que te puedes echar a la cara.

lunes, 26 de julio de 2010

Capítulo I segunda parte

Los primeros meses habían sido los peores. Amélie –una chica francesa de 23 años que trabajaba en el circo- le había conseguido una radio a escondidas. Amélie siempre le tuvo mucho cariño, no porque se sintiera identificada con ella –pues Amélie había decidido meterse en el circo por voluntad propia, a diferencia de Marian- sino porque era la más cercana en edad que tenía en la familia del circo, y sabía lo mal que la trataba Nabirye.

El día en el que recibió ese paquete de manos de su amiga, envuelto en un papel de regalo que posiblemente había encontrado en alguna papelera, lo recuerda como uno de los pocos felices de su estancia en el circo. Habían pasado tan solo dos semanas desde su secuestro, y cuando la puso en la caravana mientras todos los demás estaban metidos en la carpa del circo, comenzó a escuchar las noticias acerca de su desaparición. Tuvo que escuchar los desgarradores llantos de su madre, y la voz tíbia de su padre, que se notaba que intentaba no llorar para no poner peor a su mujer. Daban cien mil euros por el rescate de su pequeña Marian, pero no sabían que sus secuestradores no querían dinero, si no alguien que hiciera todas las tareas y que aparte fuera buena en alguna disciplina para ser útil también en el circo. Marian era la campeona de Francia en ballet, y la tercera mejor del mundo.

El dueño del circo, Mâlik, no se podía arriesgar a introducir el número artístico de Marian estando la noticia de su secuestro en todos los medios y siendo tan reciente, por lo que había decidido esperar a que pasaran tres o cuatro años para dar el bombazo. No obstante, le hacía entrenar todas las noches los números musicales que había aprendido durante su estancia en la escuela de Danza de la Ópera de París. Aunque las actuaciones glamorosas a las que ella estaba acostumbrada no eran las que el circo necesitaba, sino algo con mucho gancho y más espectaculo, luces, leones, etc. En una palabra, era lo que ellos resumían en PEA –Peligro, Espectáculo y Atracción. Mâlik la obligaba a hacer esos ejercicios para que no perdiera su elasticidad y la costumbre.

jueves, 22 de julio de 2010

Capítulo I

El sonido que las ruedas de los camiones hacen en los baches la despiertan. Por un momento se había olvidado de donde estaba, pero el olor a animales mal cuidados le ha recordado su sino. Se despereza, se levanta y se va dando trompicones hacia el estrecho lavabo. Abre el grifo y despues de aguardar un tiempo prudente de espera -en el que el agua sale turbia- se lava la cara y se quita los trozos de tierra que aún le duraban desde la noche anterior. De repente, siente que la caravana se para, aliviada, decide salir a ver si han parado a desayunar, pero antes de darle tiempo a que haga nada, entra Nabirye a llamarla. Resulta que habían pinchado y él quería que Marian cambiara la rueda.

Tras la discusión, Marian salió disparada, maldijo a todos esos animales que la rodeaban y cogió el gato para cambiar la rueda. Ya estaba otra vez manchada hasta las cejas, y no le tocaba ducha hasta dos días después. Marian sabía hacer cosas inimaginables para alguien de su edad: lavaba la ropa de todos los del circo, planchaba, cocinaba, hacia las camas… Cuando en realidad ella tendría que estar pensando en salir, estar con sus amigas y su novio…

Día si y día también se preguntaba cómo había podido acabar así. Si se lo hubieran dicho hace tres meses nunca se lo habría creído. Pero no le gustaba pensar en eso, ya tenía suficiente con maldecir aquel fatídico día de junio todas las noches antes de acostarse.


Decidió apurarse y se metió en la caravana de nuevo, se puso el delantal y comenzó a cocinar. Los circenses eran en su mayoría árabes –aunque también había unos pocos franceses-, y les gustaba una comida muy rara a la que Marian no estaba acostumbrada. Tenía muchas especias y con un sabor muy fuerte, con lo que el olor a comida y a aceite de girasol rehusado se le impregnaba por todo el cuerpo dándole un aspecto de reptil asqueroso. Sólo se lavaba con una manguera una vez a la semana, aunque los demás se duchaban antes de cada actuación. En el “Cirque le Papillon” trabajaba gente de todas las edades, gente interesante, gente odiosa, gente simpática y gente manipuladora. Abundaban sobre todo estos últimos, que eran los que habían decidido secuestrar a Marian.

Una vez echa la comida –hadj, atayef y mamul, al estilo pobre- decidió tumbarse en el “sofá” y darse el único lujo que había en esa comunidad –o secta como lo llamaba Marian- : escuchar la radio.


viernes, 26 de marzo de 2010

Helen Swan

Ella era una chica simple, que le gustaba amar, se sentía tan bien sintiendose querida... También le gustaba salir en manga corta en las tardes de invierno, y sentir el frío en la cara... Siempre se hacía preguntas que para los demás eran tonterías, como por que se veía reflejada en un lago,o en el espejo. Siempre se proponía salir a correr, y a veces lo hacía, pero casi siempre lo hacía llorando. A parte de salir a correr, también se solía dar baños relajantes.
Le gustaba echarse en el sofá, leer, o ver su serie favorita. Quería saber tantas cosas... Soñaba con viajar a Nueva York, o viajar por todo el mundo. Tenía 17 años, y estaba como loca por ir a la universidad. Nunca había tenido mucha suerte en el amor, pero actualmente salía con un chico con el que había experimentado muchas cosas...con el había perdido su virginidad. Aunque hoy en día eso era algo con apenas importancia, a ella le había marcado mucho. Se sentía tan especial cuando veía el torso desnudo de su chico...Ambos se entregaban con gran amor.
Era un 20 de septiembre cuando eso había sucedido por primera vez, era una noche cálida, y habían quedado a las 12. Desde ese día una fuerte pasión había comenzado.
Tenía una hermana pequeña, llamada Lucy. Tenía tan solo 4 años y...tenía cáncer.

martes, 23 de marzo de 2010

tururú




quiero saber porqué hay guerras. quiero saber porque tenemos que matar a otras personas supuestamente "por la paz" quiero saberlo. donde puedo encontrar respuestas? dime, dónde? a quien le debo preguntar?


quizás sea mejor callarse y dejar que la vida siga su curso, pero eso no es lo que yo quiero. yo quiero actuar, y deseo que todos colaboremos. el primer paso para conseguir un logro es concienciarnos del problema.


no puedo dejar de pensar en si alguien no estará muriendo ahora mientras yo miro tranquilamente la tele. no puedo soportarlo. es un dolor trascendente, de ese que más duele.




no puede ser. y es que va a ser cierto eso de que luchar por la paz es como f*llar por la virginidad.

viernes, 15 de enero de 2010

El fabuloso destino de Rachel Rutherford ya está terminado,pero como es un proyecto de trabajo para Literatura Universal, voy esperar a que me lo corrija la profesora para luego publicarlo aquí :).
Últimamente, no me paso mucho por aquí, pero es que 2º de Bachiller es agotador... además, la nueva selectividad es sinónimo de una mierda pinchada en un palo. La gente no manda examenes modelo, todo está patas arriba, y así va la educación. Y después los políticos se quejan de que llevamos 10 años estudiando inglés y que no lo sabemos hablar. ¿Pero de qué hablan ellos? ¿Que pasa, que ahora es culpa de los alumnos no? Claro, de TODOS los alumnos que somos retrasados y que no nos coge en la cabeza... Bien, creo que aquí tendríamos que mencionar el penosos sistema de educación que está actualmente implantado. Que parece que juegan con nosotros joder; con cada cambio de gobierno, una nueva ley de educación. Y así estamos, que si no se aclaran los políticos, como nos vamos aclarar nosotros.

Si, estoy extresada. Menos mal que ya es viernes (L)

Así que, a todos los que estais estudiando como yo 2º de bachiller, solo os puedo dar la gratificación de que yo también estoy en contra de este sistema educativo.
Y eso, despues de soltar esta parrafada, muy parecida a, seguramente, leer el diccionario de la Rae y el Quijote juntos, quiero informaros de que en cuanto entrege mi relato, y mi profesora me lo devuelva corregido, lo publicaré aqui :)

Tengo que agradecer también a iraliia por su premio -que me ha hecho una ilusión tremenda, pues me encanta su blog y es mi primer premio :)-, otro día otorgaré yo los míos.

Nada más. Buen fin de semanaaaaa

viernes, 8 de enero de 2010

el fabuloso destino de Rachel Rutherford

Esa mañana recuerdo que me levanté temprano a pesar de estar en vacaciones navideñas. No sé por qué, pero tenía una extraña sensación metida en el cuerpo, como esas veces que sueñas algo y cuando despiertas no sabes si era verdad o no. Decidí aceptar esa teoría -la del sueño- y me levanté de mi cama. Busqué con los pies las zapatillas, no sabía por qué, pero cada vez que me acostaba las dejaba juntas y cuando me levantaba las tenía muy separadas. Cuando por fin terminó la operación búsqueda de zapatillas de casa, me incorporé. Un desconcertante escalofrío seguido de un dolor de huesos me percorrió el cuerpo. Hice la cama -mal, como siempre- y abrí los estores color añil con cuidado. Miré hacia fuera, y parecía como si hubiese nevado durante la noche, algo raro teniendo en cuenta que vivo en la costa... Bajé despacio las escaleras, aún con los ojos más cerrados que abiertos, pero conocía esas escaleras, las había bajado y subido un número incontable de veces teniendo en cuenta que llevaba viviendo en esa casa desde mi nacimiento, hacía dieziocho años ya.

Al final de las escaleras se extendía una amplia sala, donde estaba el salón, y separada de este por un pequeño tabique, se encontraba la cocina. Las escaleras estaban en mitad del salón, a la izquierda, había un sofá de tres plazas y al lado un sofá orejero de color negro; las paredes de esta habitación eran de un gris azulado. Enfrente de los sofás, se encontraba una mesita de cristal solamente, sin ningún otro elemento, y enfrente de ella, colgada de la pared, la maravillosa televisión, capricho de mi padre. Detrás de las escaleras estaba la mesa donde comíamos todos los días, de madera oscura y las sillas de cuero negro. En las paredes había cuadros que mi madre había pintado antes de marcharse, y que eran el único recuerdo que me quedaba de ella. La cocina era muy acogedora: tenía una mesita pequeña y redonda, sin sillas -ya que comíamos en el salón- y unas alacenas blancas que las habíamos comprado porque estaban de oferta en Ikea. Lo cierto es que con nuestra casa podíamos montar una tienda de Ikea, porque todos los muebles eran de esa cadena.

Cuando llegé al final de las escaleras, no vi a mi padre como costumbre haciendo las tostadas y untandolas con mantequilla, pero después me di cuenta de que ese día me había levantado muy temprano, asi que decidí que, por una vez, sería yo la hija ejemplar, la que hiciese el desayuno. Me puse manos a la obra. Abrí las puertas de las alacenas y comencé a buscar los ingredientes para hacer tortitas. Bien, no sabía hacer tortitas. Subí a mi habitación a buscar en internet la receta, la imprimí y bajé abajo corriendo. De repente me sentía con muchas fuerzas, y el dolor de huesos que me había invadido al despertarme ya había desaparecido. Lo que permanecía era esa extraña sensación, y eso era algo que me desconcertaba...

Continuará..

lunes, 4 de enero de 2010

O:


El otro día, mientras iba en el coche -adormeciendome como siempre que me subo en ese cacharro de cuatro ruedas- me quedé mirando hacia el cielo. La noche era clara, a pesar de que aquí suele estar todo nublado y nunca se ve ni una estrella. Comenzé a pensar en la infinidad del universo. Es algo en lo que pienso bastante a menudo, a pesar de que intento no hacerlo porque es un tema que me parece terriblemente agobiante. Se estima que el número de estrellas en el universo visible es de 70.000 trillones o 70.000.000.000.000.000.000.000 -diez veces más que el número de granos de arena que hay en la Tierra-. Además, digo universo VISIBLE.. porque el universo es infinito... Infinito, algo imposible de concebir en mi pequeñita cabeza. En nuestra galaxia, la vía láctea, tenemos el sol como estrella, y alrededor de ella giran 8 planetas. En ellos sabemos que no hay vida más que en la tierra. Pero, y si cada estrellita que vemos en el universo tiene también planetas, ¿no resultaría imposible que no hubiese vida en ninguno de ellos? Somos una parte muy pequeña del universo, y a la vez tan enorme.. y es que con lo poco que somos, estamos destruyendo un planeta -el nuestro- con todas nuestros actos.

...¿No veis como es un tema agobiante?

sábado, 2 de enero de 2010


Hay quien dice aquello de "año nuevo,vida nueva". Por lo general, no se cumple. Seguimos siendo igual de incoherentes e irresponsables que siempre, y somos tan egoístas que queremos una "vida nueva" para nosotros mismos, y suelen ser deseos tales como parar de fumar, ponerse a dieta, ahorrar dinero o apuntarse a un gimnasio. Lo que no pensamos es en la gente que tiene que pasar estas navidades en la calle, o los niños que no tienen familia. Ellos no piden como nosotros deseos materiales, o quitarse los vicios... no. Ellos piden una familia, o tener una casa digna de su persona. Pero no, nosotros seguiremos creyendonos el ombligo del mundo y haciendo rituales el día de fin de año diciendo "YO voy a parar de fumar" "YO voy a apuntarme a un gimnasio" "YO voy a ponerme a dieta". Puro egocentrismo en estas fechas en las que debería primar el amor por todos, no por uno mismo. Por esta razón, pido que pensemos un poco más en la gente que lo pasa mal en estas fechas. Pido que brindemos por nosotros y por ellos, que solo por brindar no hacemos nada, pero damos un paso importante: concienciarnos de los problemas de los demás. Después, cuando podamos, ya intentaremos ayudar, que nunca es tarde.

Amélie tiene de repente la extraña sensación de estar en total armonía consigo misma, en ese instante todo es perfecto, la suavidad de la luz, el ligero perfume del aire, el pausado rumor de la ciudad. Inspira profundamente y la vida ahora le parece tan sencilla y transparente que un arrebato de amor, parecido a un deseo de ayudar a toda la humanidad la empapa de golpe.