lunes, 26 de julio de 2010

Capítulo I segunda parte

Los primeros meses habían sido los peores. Amélie –una chica francesa de 23 años que trabajaba en el circo- le había conseguido una radio a escondidas. Amélie siempre le tuvo mucho cariño, no porque se sintiera identificada con ella –pues Amélie había decidido meterse en el circo por voluntad propia, a diferencia de Marian- sino porque era la más cercana en edad que tenía en la familia del circo, y sabía lo mal que la trataba Nabirye.

El día en el que recibió ese paquete de manos de su amiga, envuelto en un papel de regalo que posiblemente había encontrado en alguna papelera, lo recuerda como uno de los pocos felices de su estancia en el circo. Habían pasado tan solo dos semanas desde su secuestro, y cuando la puso en la caravana mientras todos los demás estaban metidos en la carpa del circo, comenzó a escuchar las noticias acerca de su desaparición. Tuvo que escuchar los desgarradores llantos de su madre, y la voz tíbia de su padre, que se notaba que intentaba no llorar para no poner peor a su mujer. Daban cien mil euros por el rescate de su pequeña Marian, pero no sabían que sus secuestradores no querían dinero, si no alguien que hiciera todas las tareas y que aparte fuera buena en alguna disciplina para ser útil también en el circo. Marian era la campeona de Francia en ballet, y la tercera mejor del mundo.

El dueño del circo, Mâlik, no se podía arriesgar a introducir el número artístico de Marian estando la noticia de su secuestro en todos los medios y siendo tan reciente, por lo que había decidido esperar a que pasaran tres o cuatro años para dar el bombazo. No obstante, le hacía entrenar todas las noches los números musicales que había aprendido durante su estancia en la escuela de Danza de la Ópera de París. Aunque las actuaciones glamorosas a las que ella estaba acostumbrada no eran las que el circo necesitaba, sino algo con mucho gancho y más espectaculo, luces, leones, etc. En una palabra, era lo que ellos resumían en PEA –Peligro, Espectáculo y Atracción. Mâlik la obligaba a hacer esos ejercicios para que no perdiera su elasticidad y la costumbre.

2 comentarios:

Roxy Varlow dijo...

Así que está allí secuestrada :/ Vaya, pobrecita. Y vaya sujeto ese Mâlik¬¬
Quizá se acostumbre a la vida circense (:
Me quedo con muchamucha curiosidad y espero el siguiente capítulo.

besito(L)

Noelia dijo...

Me parece una muy buena idea escribir sobre la vida de un circo y, además, se está poniendo interesante :)
Te sigo!